Un jinete, su caballo y un sueño

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rnmiguel anxo fernándezrn25092018 0852 hrnrnPremiada en la Quincena de Realizadores (Cannes) y Espiga de Plata y otros galardones varios en la pasada Seminci (Valladolid), es una joya indie que llega para quedarse en la memoria cinéfila.

Segunda cinta de la británica nacida en Pekín Chloé Zhao, formada en ciencias políticas y después estudiante de cine en Nueva York. Con The Rider se va a Dakota del Sur, a lo más genuino de la cultura estadounidense, para contarnos sobre un guion propio y en un territorio formal que coquetea con la docuficción, la historia real de un joven cowboy, experto jinete y adiestrador de caballos, que sueña con llegar a figura del rodeo. Un grave accidente con su montura se lo impedirá. Un trauma que intentará superar aferrado a una simple pero concluyente moraleja: podrá cabalgar por la vida persiguiendo otros sueños emocionales junto a su familia. Envuelto en una atmósfera de sobria elegancia formal, como austero y fascinante es el paisaje que acoge su peripecia, acompasado por una foto en su punto y un uso del sonido poco usual.

Soltaba el personaje del productor Alan Arkin en Argo una frase patibularia: «Si hay caballos, es un wéstern». Casi, porque aquí salen caballos y sin duda es un wéstern contemporáneo, pero la apuesta de la autora por trabajar con los protagonistas reales, con un sorprendente Brady Jandreau a la cabeza -toda una revelación- junto a varios miembros de su familia, hace que el realismo que rezuma el filme evolucione a un tan raro como intenso lirismo, ausente ya de los puntuales retornos del género a la pantalla grande. La relación del jinete con el caballo, la simbiosis entre ambos más allá de lo icónico, sus silencios en medio de la llanura, son pura poesía. Participamos de la angustia del protagonista, de la gloria soñada que se esfuma, pero al tiempo intuimos que después de la caída solo queda la alternativa de coger las riendas otra vez, aunque de otra manera. Finalmente, un apunte que engrandece la labor de Zhao: su gusto por los pequeños detalles, por los diálogos sobrios, y al tiempo su inteligente apuesta por el sosiego.

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